martes, 8 de septiembre de 2009

Nuevos escenarios para una reflexión educativa

por Néstor Hugo Quiroga

Tres reflexiones a modo de introducción
El conocer desde procesos educativos
Si diferentes modelos teóricos generan diferentes maneras de definir el conocimiento, el conocimiento no es el fin del pensamiento. En ese sentido el conocimiento debería tratarse como objeto de indagación y no como objeto de transmisión.

El deseo permanente de aprender
Todo ese conocimiento que cada persona posee en si mismo, estuvo y está constantemente amenazado por el “error y la ilusión de aprender”.
El deseo constante de aprender multiplica los riesgos del error, pero jamás se abandona la ilusión de aprender. Todo ese conocimiento acumulado representa la experiencia educativa formal y no- formal que cada persona ha vivido.

La educación es un proceso permanente
Nuestra memoria está sujeta a numerosas fuentes de error e ilusión. De esa manera nuestra mente tiende a seleccionar los recuerdos que convienen y borrar los desagradables. El sistema de ideas y el inconsciente también protegen a los errores ya inscriptos en la mente y mantienen fresca la ilusión de aprender. Esta es una de las razones que justifica el profundo sentido de la Educación Permanente.
Primer escenario: “La construcción de los saberes”
¿Es la racionalidad la única que se encarga de corregir los errores? ¿Es la actividad racional de la mente la que controla y acepta al mismo tiempo, el entorno natural y cultural que le contiene? No, es lo que pienso, siento y quiero, la que construye y opera, mediatizada por una instancia empírica reflexiva y una instancia lógica.
Es preocupación verdadera de la educación formal y no-formal:

· ¿El enseñar a leer comprensivamente?
· ¿El enseñar a estudiar?
Segundo escenario: “¿La escuela nos ha enseñado a querer la naturaleza?
Si tuviera que comenzar de nuevo, como maestro de grado, intentaría enseñar a respetar profundamente tanto a la naturaleza como al interior profundo de cada alumno. La naturaleza como el ser humano, guardan en su interior profundas relaciones y grandes secretos pedagógicos.
Conocer con mayor profundidad y respeto, al medio que nos rodea y al mundo interior que nos contiene, significa relacionarse con un modo de conocer interdisciplinario. Por lo general, la escuela primaria, enseña el comportamiento de la naturaleza separado de lo humano. Desde una nueva perspectiva pedagógica, habría que comprender el paisaje como objeto de conocimiento.
Tercer escenario: “¿Los conceptos de Didáctica y Enseñanza han cambiado?
Es importante comprender a la enseñanza como una estrategia separada del aprendizaje. Durante muchos años se ha concebido “enseñanza – aprendizaje” como un mismo proceso. El aprendizaje sí es un proceso, la enseñanza es una estrategia docente, no un proceso. Todos seguimos aprendiendo haya o no alguien que enseñe.
Comprender qué significa enseñar, es comprender en profundidad las relaciones docente- alumnos; es saber manejar el clima de la clase; es apoyar las formas de aprender en grupo y es también comprender las luchas ocultas por el poder y el saber en el aula.
Cuarto escenario: “¿El concepto de aprender, sigue siendo el mismo?”
El aprender siempre está relacionado con la motivación, por ello se dice: “si hay motivación se aprende bien”. Cuando se capta la importancia de lo que debe ser aprendido, se allana el camino. De igual manera podemos expresar: “si lo aprendido está seguido de su aplicación, seguro habrá resistencia al olvido”. Entonces:

APRENDER ES UN PROCESO DE APRENDER A APRENDER
Toda persona que estudia y quiere aprender debe enfrentar situaciones problemáticas desafiando su propia capacidad de resolución. Debe actuar con dominio y sentir que progresa, combinando su propia disposición de aprender con el desarrollo natural de su habilidad. No se puede aprender repitiendo, por el contrario se debe reflexionar sobre lo actuado y también sobre lo pensado. De esa manera, evoluciona el saber con la experiencia.
Quinto escenario: “La dimensión ética de la práctica educativa”
La educación es una actividad pensada, intencional, pero nunca debe eliminar lo espontáneo, lo instantáneo, en definitiva lo autónomo natural como movimiento que se pone en funcionamiento cada vez que alguien se propone a enseñar algo, o alguien aprender algo.

Mientras haya intervención humana, siempre habrá influencia de unos a otros, pero ello no elimina una posición ética del que enseña o del que aprende. El planteo es el siguiente: “qué debo hacer”. Eso, en si mismo y desde el propio instante que surge, supone un problema ético – moral.
La problemática ética de la enseñanza encierra dos cuestiones interdependientes; el acto de enseñar presupone que algo de valor va a ser enseñado y que las relaciones docente-alumnos supone asumir un principio moral ético entre participantes.